
Antes de comenzar
Soy psicóloga clínica. Todos los días acompaño a personas en sus procesos de salud mental. Y también soy una persona que ha experimentado síntomas de depresión.
Antes de ser psicóloga soy un ser humano, y como tal debo enfrentar una vida retadora como cualquier mortal. Nadie está libre de sufrir problemas de salud mental, ni siquiera quienes nos dedicamos a esto.
La sombra que nadie ve
La primera vez que fui consciente de su presencia fue después de una pérdida devastadora. Aunque sospecho que siempre estuvo ahí, esperando el momento preciso para manifestarse completamente.
Le llamo “la sombra” porque esa es la mejor manera que encuentro de describirla: algo enorme, gris, que oscurece el panorama y hace que las cosas pierdan su color. No tiene forma física, deambula como humo o nube, pero su presencia es tan real que mi piel la detecta aunque mis ojos no puedan verla.
La sombra me acompaña cada minuto del día. No me deja ni para dormir; es más, ahí es cuando más evidente se vuelve.

Cómo se manifiesta
A veces es tristeza. Una tristeza que no se parece a la melancolía normal. Es más pesada, más oscura, más densa. Como si algo me envolviera y me quitara la capacidad de sentir otra cosa.
A veces es vacío. Esos días en los que mi mente queda en blanco. Aunque esté en conversaciones interesantes, no soy capaz de pensar en una opinión. No se me ocurre nada para contar, ni preguntar, ni decir. Me siento intelectualmente vacía.
A veces es miedo. Lo peor de todo, porque el miedo encoge, me hace chiquita e indefensa. La sombra se aprovecha de la vulnerabilidad de mi cuerpo: cuando tengo insomnio, cuando no he comido, cuando tengo dolor. Ahí no es tanto sombra sino humo gris que me envuelve.
La sombra es juguetona. Ama hacerme creer que estoy bien, y cuando por fin me he olvidado de su presencia, aparece de nuevo. Me toca, me susurra algo al oído, me muestra una imagen o me absorbe por completo.
Lo que nadie entiende hasta que lo vive
Empecé a notar algo curioso: solo quienes han tenido su propia sombra pueden ver la mía. Es como si tuviéramos un código secreto, descifrable únicamente para quien ya la conoce. Por el contrario, es tan obvio ver quién no la tiene.
Me frustraba, pero lo único que podía hacer era suspirar, recordar que era mejor que no lo supieran, y seguir como si nada pasara. En últimas, solo yo lo sabía.
Con el tiempo sentí menos confianza para hablar de la sombra porque desde fuera se puede interpretar que funciona de adentro hacia afuera: que yo soy la que no la suelta y por eso nunca se va. Pero es al revés. Funciona de afuera hacia adentro: por más que yo quiera que no esté, ella se manifiesta en cualquier momento.
Cuando llegaba, empezaba a rezar mentalmente: “No quiero pensar más en eso, por favor no más. Ya ha pasado mucho, no más. Ay, no. Otra vez no, por favor váyase”.

El día que decidí pedir ayuda
Llevaba meses peleando sola. Me esforzaba por parecer feliz, normal, tranquila. Pero internamente sentía como si me picara una hormiga constantemente. No era un dolor terrible que incapacitara, pero estaba ahí molestando. Y cuando uno lleva meses siendo picado cada segundo por una hormiga, lo único que queda es desesperación.
Tenía miedo de pedir ayuda profesional. Miedo de no encontrar un buen terapeuta, de sentirme inútil por no ser capaz de ayudarme a mí misma cuando es lo que hago todos los días con mis pacientes, de que no funcionara, o de que yo no tuviera arreglo.
Pero había algo más grande que el miedo: la certeza de que no podía seguir así.
Lo que descubrí en terapia
La depresión no es debilidad. No es falta de carácter. No es algo que “solo está en tu cabeza” en el sentido de que puedas controlarlo con pensamiento positivo.
La depresión es el sistema interno enviando señales de alarma. Como un dispositivo que deja de funcionar porque algo no está bien. Y así como nadie se enojaría consigo mismo por llevar su celular a reparar, nadie debería sentirse culpable por buscar ayuda profesional.
Aprendí algo fundamental: la sombra tiene una debilidad.

El antídoto que funciona
En mis ejercicios de escritura terapéutica descubrí algo: el amor desintegra la sombra. No hablo del amor romántico necesariamente. Hablo del amor en su forma más amplia:
- El amor que viene desde afuera para envolverme
- El amor que actúa como barrera de luz poderosa
- El amor que cuida lo más profundo de mí
- El amor que me hace creer que no todo está perdido
Mi hipótesis es que el amor es más grande, más sólido, más fuerte que la sombra. Y la mayoría de las veces no tengo que generarlo yo sola. El amor viene de:
- Las personas que me sostienen cuando no puedo sostenerme
- Los pequeños momentos de belleza que rompen el gris
- La decisión de cuidarme aunque no sienta ganas
- La terapia, que es una forma estructurada de amor propio
Qué hacer cuando la sombra aparece
Si estás leyendo esto y reconoces tu propia sombra, quiero que sepas:
- No estás exagerando. Si se siente real, es real. Tu experiencia es válida.
- No tienes que pelear en soledad. Buscar ayuda no es rendirse, es ser lo suficientemente valiente para admitir que necesitas apoyo.
- La sombra miente. Te dice que siempre será así, que no hay salida, que no vale la pena intentarlo. Todo eso es mentira.
- El proceso no es lineal. Algunos días la sombra será más pequeña, otros días volverá a crecer. Eso no significa que estés retrocediendo.
- Identifica tu antídoto. Para mí fue el amor en sus múltiples formas. Para ti puede ser algo diferente. Descúbrelo con ayuda profesional.
Desde el otro lado
Hoy, desde este lugar donde la sombra es mucho más pequeña, puedo decirte que sí se puede salir. No desaparece completamente (quizá nunca lo haga), pero deja de tener ese poder absoluto sobre ti.
Hoy puedo sentir el sol en mi piel y disfrutarlo. Puedo reírme genuinamente. Puedo hacer planes sin que el miedo me paralice. Puedo escribir sobre esto sin que me consuma.
La diferencia no fue el tiempo solamente. Fue la decisión de dejarme ayudar. Fue la terapia constante. Fue aprender a identificar cuándo la sombra estaba creciendo y tener herramientas para contrarrestar.
Si tienes tu propia sombra, por favor, busca ayuda. No tienes que vivir así para siempre.
Si estás pasando por un momento difícil y necesitas apoyo profesional, no dudes en buscar ayuda. La depresión es tratable y mereces sentirte mejor.
Como psicóloga que ha estado de ambos lados, te aseguro: pedir ayuda es el acto más amoroso que puedes hacer.